Aquella vez...
qué creí que amabas deshacía tu dolor con el color del brillo de mi sonrisa.
Y fui feliz por amar el roce incontrolado de la locura de tus palabras.
Y fui feliz por amar el roce incontrolado de la locura de tus palabras.
Copularemos con la demencia de amarnos nunca:

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